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Le Chat Noir

El diario de Pum
May 15

Abandono...

 

Lluvia, melancolía, ... excusas que no llevan a ninguna parte, y que no van a hacer que recupere el tiempo perdido con algunas personas. Sobre todo teniendo en cuenta que hay algunas que hace meses que no saben de mí.

 

Todo comenzó cuando me quitaron la red en el trabajo. Sin embargo la tengo desde hace un par de semanas de nuevo y aún así, como ya estaba acostumbrada a no escribir, lo iba dejando pasar. Y, no tan en el fondo, lo que ocurría es que no sabía qué decir ni qué contar, ni cómo afrontar la sensación de pensar que podrían leerme aquellos a los que he defraudado por mi distancia, mi silencio y mi mal quedar. Con el añadido de que no soy mujer de teléfono, porque me agobia hablar con alguien a quien no le veo la cara. Así que la situación se volvió insostenible y sin vuelta atrás hace ya bastante, y ahora no me queda sino esperar que la gente no esté demasiado dolida conmigo.

 

Pedir disculpas nunca se me ha dado bien. Alguien me dijo una vez que una de las cosas que más temía era el abandono, y a ese alguien precisamente es a quien más he abandonado. ¿Qué disculpas le puedo pedir a esa persona? ¿Existe el perdón para un comportamiento tan egoísta como el mío? Me parece que primero tendré que perdonarme yo, luego atreverme a hacer esa llamada y después esperar que el punto al que he llegado no sea un punto sin retorno. ¿Arrepentimiento? Todo el del mundo, pero lo que hay que hacer es no pecar.¿De qué sirve cuando el daño ya está hecho?

 

Ha habido días muy grises. Días de esos en los que nada acompaña, en los que no encuentras nada a lo que aferrarte para no hundirte en la rutina, y acabas dejándote llevar sin luchar para que la frustración no pese demasiado. Y notas el cansancio, no físico, sino de otro tipo, como si una conciencia de arena, antigua y atormentada, enturbiara la visión de todo, colocando un velo sobre la consciencia.

 

Nuevas responsabilidades en el trabajo, y nuevas situaciones que afrontar, que se comen el tiempo del día a día, dándote sólo la opción de esperar que llegue el fin de semana para evadirte y olvidarte de todo, para desconectar y expulsar los colores oscuros y apagados sustituyéndolos por otros más alegres. Apareciendo despreocupada ante los cercanos y no tan cercanos, y sólo confiando en los que han venido desde lejos a quedarse un poquito y reconfortar el espíritu irrumpiendo en la soledad emocional autoimpuesta, los dejes o no. Respondiendo a las llamadas más absurdas y actuando absurdamente. Olvidando la mesura y lanzándome de cabeza al mundo de los sueños y las esperanzas olvidadas, con todo el mal y el bien que ello conlleva.

 

¿Intención de reforma?. Sólo es una cuestión de actitud, pero necesito que las energías que me rodean en el trabajo dejen de ser tan negativas.

 

April 22

En abril aguas mil .....

 

Ayer me pasé todo el día tarareando sin parar una canción de los Kiss. Una canción que íbamos escuchando el hombre solitario y yo en el coche este fin de semana. Mis compañeros estaban sorprendidos de verme tan animada un lunes al punto de la mañana. Y es que, a pesar de la tristeza y la melancolía, del posito de nostalgia y la sensación de sueño inalcanzable, estar en la montaña me pone las pilas, me recarga.

 

El viernes a mitad de tarde llegamos a Sieste, a través de la carretera secundaria que va del puerto de Monrepós a Boltaña. Llovía, y a través de la bruma veíamos cascadas libres, ríos preñados y el gris contra los colores mojados de la primavera. Como la carretera era tranquila, de esas bordeadas de bosques, estrecha y de cerradas curvas, podíamos ir con la ventanilla bajada, a paso de tortuga, oliendo la lluvia. Yo quería parar en todas partes y tocar la hierba mojada, descalzarme y dejarme diluir por el agua con la roca y la tierra. Ser montaña.

 

Descubrimos valles, laderas frondosas y oscuras, refugios umbríos, casas perdidas, bordas deseadas al primer vistazo, …

Y de pronto, como un lienzo decorando bajo otro lienzo, la nieve de los picos, el blanco sobre el negro embelleciendo el verde. Impresionante, majestuoso, presidiéndolo todo con sublime omnipotencia e inquietante inmovilidad.

 

Antes de cenar estuvimos paseando por el pueblo, que se recorría en diez minutos, pero nos pasamos casi una hora, sin hablar, embobados, mirando la vista desde la plaza, impasibles bajo la lluvia, dejándonos llevar por el silencio roto solamente por el caer del agua y algún que otro trueno.

 

Por la noche me costó dormir. Me sentía pequeñita dentro de las sábanas oliendo a limpio, y tenía miedo de la tormenta. Me sentía un poco sola y echaba de menos un abrazo, una mano acariciadora y cálida, pero al final me acunó la paz que lo envolvía todo.

 

El despertar fue muy frío, pero al abrir los ventanos de madera ahí estaba la montaña decorada con jirones de nubes, despertando al mismo tiempo que yo, y con tanto frío como yo. Me sentí dulcemente triste, casi melancólica, y no pude evitar que una lágrima asomara tímida. La lluvia se concedió un descanso de media hora, y pudimos desayunar al aire libre escuchando los pájaros.

 

Pasamos todo el día recorriendo caminos embarrados, hacia arriba, a la búsqueda de pueblos deshabitados, unas veces por pistas forestales y otras por senderos, con barro hasta en la cabeza, empapados. Sorprendente el río Ara. Nunca lo había visto así, tan salvaje, tan indomable, de color verde mar. No encontramos ni un alma, salvo un par de hippies en un land-rover viejo fumando un porro, que vivían en uno de los pueblos, solos, desde hacía tres años.

 

Comimos dentro del coche, y a mitad de tarde nos rendimos y nos fuimos a visitar el mirador del castillo de Boltaña.

 El domingo seguía lloviendo, y todo seguía igual de maravilloso, pero volvimos pronto a casa. Yo estaba agotada de sentir con tanta intensidad, agotada de resistirme a volver a pesar de añorar mi casa y añorar a XC. Agotada de desear esa verde vida y renunciar a ella cada vez y cada vez más.

 
April 13

Y vale la pena...

 
Medio copiando el título de una entrada de Syl, pero que nada tiene que ver con lo que ella escribió o sintió. Porque yo simplemente quiero dar las gracias. A Iru y a Nata. Por esos chupitos en el Utopía, por las risas compartidas, por el plan de una noche juntas, por la complicidad, ...
 
A pesar de lo cual me queda una espinita clavada. La espinita de la sensación de que una persona que me importa no me soporta. Una persona con la que me gustaría hablar y compartir, y que sé que tiene mucho que aportar. Con la impresión de que me ha juzgado en mi peor momento, y no puedo culpar a nadie por eso. Y precisamente por eso no quiero ni puedo acercarme más, a pesar de saber, porque soy observadora y no analizo mal del todo a la gente, que sería una muy provechosa relación.
 
Y vale la pena.
 
Las renuncias son siempre dolorosas. Y en mi caso, con ejemplos reales tan cercanos, más aún. Esa vida soñada, cuyas complicaciones quedan relegadas siempre a un "ya veremos lo que pasa cuando llegue el momento", deja de tener tanta importancia cuando me encuentro tranquilamente rodeada de afecto y la sonrisa me sale fácil, y mi pasado no importa, porque no interesa, porque el pasado no existe, y puedo hablar de él con naturalidad y sin afectación, sin disimulo ni parábolas, ya que lo importante es lo que ahora sucede.
 
Todo son risas. No todas por fuera. Maldita manía mía de ser fría a pesar de desear todo lo contrario. No manía sino gesto aprendido, que a veces ni la confianza puede diluir.
 
Y vale la pena. Sin querer pensar en lo que habría o podría haber sido. Vale la pena ser quien soy.
 
April 12

Banalidades...

 
Todos los días el mismo origen y el mismo destino aunque el camino sea diferente. La misma hora para todo. El despertador siempre suena igual. Los problemas en el trabajo van disfrazados de vagabundos unas veces y de divas otras, pero debajo del disfraz son el mismo pestilente desperdicio de tiempo. Todo y todos siempre jodiendo. Siempre intentando convertirme en lo que hace mucho decidí que jamás sería.
 
Aislamiento y soledad fueron remedios hasta hace poco. La introspección funcionaba. Me ayudaba a desmaquillar la rutina. Pero ya empiezo a ser perra vieja y me cansa la estupidez. La mía más que ninguna otra. Y busco el placer de una cosa simple. La más simple. Como encontrarme camino de casa la calle alfombrada de flores lilas y amarillas caídas de los árboles cuyo nombre querría conocer.
 
Y de pronto recuerdo que no debería haberle preguntado su nombre al tipo del autobús. Y que tan sólo me quedan unas pocas páginas de "En busca del tiempo perdido". Y que me siento abrumada por tantas cosas que tengo a mano y no suelo ver casi nunca. Y que ahora cuando voy al trabajo ya es de día, y que apenas leo porque me saludan y hablan muchas personas en el trayecto.
 
Y me doy cuenta de que mientras escribo esto estoy borracha y triste, porque ahora no puedo escribir para vosotros tanto como me gustaría.
 
Pero al mismo tiempo estoy feliz, porque he recibido una carta. Una carta con semillas.
 
Felicidad y tristeza. Bendita borrachera.
 
Y Aerosmith de fondo.
 
 
March 21

El pequeño Aarón

 
Ayer a  las 20:30, en el bus número 30 escribí:
"Hace 45 minutos ha llamado la Leo (la madre de XC) para decirnos que la Ali (la mujer del hermano pequeño de XC), ha roto aguas. XC está emocionado. Yo aún no he reaccionado. Íbamos a cenar en "El Portón", pero evidentemente ya no. Están en la clínica Quirón. Las calles están atestadas de gente. Tengo la vaga impresión, y espero equivocarme, de que vamos a estar mucho rato en el Hospital."
 
Cuando llegamos al Hospital Aarón (no me gusta nada ese nombre) ya había nacido. El pequeñajo estaba en la zona de nidos y la madre ya descansaba (es un decir porque había demasiada gente con ella) en la habitación número 102. David lloraba emocionado sin poder hablar y la Pili parecía haberse quedado pegada al cristal. Tenía la cara coloradota y las manos todavía moraditas. Le habían puesto unas mantas eléctricas encima y tenía los ojos abiertos. Se movía y parecía que maullaba como un gatito.
 
Estuvimos danzando entre el hospital y las birras hasta que lo llevaron a la habitación. Volvíamos XC, J, P y yo de comer un bocata y allí estaban todos queriendo cogerlo, y todos lo cogimos. Hice un montón de fotos, pero casi todas salieron borrosas porque había muy poca luz, y no era cuestión de poner el flash. Insistí en marcharnos porque la pobre Alicia estaba agotada y mareada de tanta gente. Lo que es yo, los habría mandado a todos a la mierda mucho rato antes. Cuando salimos le dije a XC que volviera a por J. Sé que se quería venir con nosotros pero le daba vergüenza proponerlo, así que tomé yo la iniciativa. XC que tiene la empatía bajo mínimos ni se dió cuenta.
 
Acabamos los tres felices brindando por el enano en una taberna al lado del hospital.
 
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